Edición/Redacción

Un obstáculo demasiado común es caer en lo que llamamos “translationese”. En el caso de la traducción técnica, la precisión es, por supuesto, el factor más importante, pero en el caso de los materiales de marketing, por ejemplo, es fundamentalmente importante producir un texto que se lea como si lo hubiese escrito un hablante nativo. La “translationese” se da cuando sacrificas la claridad para reproducir el significado original y terminas con algo probablemente sea gramaticalmente correcto, pero expresado de un modo que un nativo nunca utilizaría.

Un pequeño ejemplo ilustra este principio. En una conversación, un nativo de EEUU siempre diría que algo le ha costado “uno cincuenta”, pero nunca que algo le ha costado “un dólar con cincuenta centavos”. La segunda opción es perfectamente correcta, simplemente no es idiomática en absoluto. Este es el tipo de “errores” que un traductor inadecuado, sin experiencia (o no nativo) no notaría, pero que cualquier hablante nativo reconocería como traducción (¡la clásica “translationese”!).

Por ésta y por otras razones, sólo utilizamos traductores nativos de la lengua final. Además, durante la fase final de nuestro proceso de revisión, las traducciones se evalúan por sus propios méritos; es decir, sin compararlas con el texto original. Una vez se han editado a conciencia buscando la forma más apropiada, comprobamos que todas las frases se hayan formulado tal y como lo haría un nativo.